Informe CYD 2016 sobre la universidad en España

  • Mar, 12/09/2017 - 16:02

La Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD) ha presentado en Madrid la decimotercera edición del Informe CYD, que se ha consolidado como un documento de referencia sobre la Universidad española y su contribución al desarrollo. En el acto ha participado Antonio Abril, vicepresidente de la CCS y presidente del Consejo Social de la Universidad de A Coruña. Lo ha hecho en el marco de una mesa redonda en la que se han analizado las principales conclusiones del informe y en la que también han intervenido Martí Parellada, Coordinador General del Informe CYD; Jorge Sáinz, secretario general de Universidades; y Alejandro Tiana, vocal del Comité Permanente de la CRUE y rector de la UNED.

El informe destaca que durante los años de crisis las universidades han aprendido a gestionar su actividad con muchos menos recursos, tanto económicos como humanos, obteniendo, sin embargo, buenos resultados y, en algunos casos, excelentes. Se trata ahora de mantener los niveles de eficiencia alcanzados tratando de conseguir objetivos más ambiciosos, que coloquen al sistema universitario español en mejores posiciones en el contexto internacional. Una universidad comprometida socialmente que continúe impulsando la transformación de la economía española hacia una economía más competitiva internacionalmente y capaz, por tanto, de aumentar el bienestar de sus ciudadanos.

Para ello, las universidades deben poder contar con los instrumentos que les permitan hacer frente a este reto, mejorando su financiación, la incorporación de talento, y rebajando las barreras normativas que les impidan alcanzar sus objetivos.

En la presentación también han participado el presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, Segundo Píriz; la presidenta de la Fundación CYD, Ana Botín y el presidente del Comité Ejecutivo de la Fundación CYD, Javier Monzón. Ha sido clausurado por el rector de George Mason University, Ángel Cabrera.

Ana Botín ha destacado que “la educación debe ser una prioridad para todos -universidades, administraciones públicas y agentes económicos y sociales- y, de forma particular, para las empresas, que compartimos espacios comunes cada vez más amplios con las instituciones educativas. Juntos afrontaremos mejor el futuro“.

Por su parte, Segundo Píriz ha declarado que “el compromiso de las universidades españolas con la mejora del sistema universitario es firme y decidido. Somos conscientes del enorme impacto que nuestras instituciones tienen en el desarrollo económico y social de los países. Por ello, seguiremos trabajando para avanzar en todos los frentes, tales como rendimiento académico, resultados de investigación y transferencia, relación universidad-empresa-sociedad, o internacionalización. Pero no podemos hacerlo solos. Es necesario alcanzar, con el acuerdo de todos los agentes implicados, un pacto de Estado por la Educación y la Investigación que nos permita trabajar con un marco regulatorio estable, que vaya acompañado de una suficiencia financiera y de una autonomía universitaria, siempre ligada a la rendición de cuentas, con las que podamos lograr los objetivos fijados.”

Ángel Cabrera, por su parte, ha señalado que “España ha resuelto con éxito el desafío del acceso a la universidad y la igualdad de oportunidades, pero no el de la excelencia científica a nivel global. Conseguirlo debe ser una prioridad nacional, ya que está en juego la competitividad y, por tanto, la prosperidad económica del país”

Según el Informe, y por primera vez en la década actual, los presupuestos liquidados por las universidades públicas presenciales españolas muestran un crecimiento tanto de los ingresos como de los gastos, del orden del 3% en ambos casos. Aun así, la importante reducción de costes desde 2009 no ha sido suficiente para compensar el descenso de los ingresos desde dicho año. El personal docente e investigador (PDI) alcanzó en el curso 2015-2016 las 118.094 personas, un aumento del 2,4% respecto al curso anterior. El curso 2014-2015 ya registraba un leve ascenso del 0,3%, lo que supuso un cambio con respecto a la caída continuada desde el inicio de esta década. En el caso de las universidades públicas, el PDI registró un aumento del 1,6% en el curso 2015-2016. En cuanto al personal de administración y servicios (PAS), experimentó, también en el curso 2015-2016, una variación anual positiva por primera vez en el último lustro, del 1% y alcanzando un total de 59.404 trabajadores.

El mercado de trabajo español para los titulados en educación superior, que suponen un 35,7% de la población de entre 25 y 64 años, ha tenido un mejor comportamiento en los tres últimos años que el de la Unión Europea. En 2016, la tasa de ocupación de los graduados españoles acortó en dos puntosla diferencia respecto a la del conjunto de la UE – en 2016 era cinco puntos inferior, y en 2013 esta diferencia era de siete puntos-. Y la tasa de paro redujo en 3 puntos la diferencia respecto a la UE: en 2016 era poco más de seis puntos superior (10,9% frente a 4,7%) y en 2013 era de nueve puntos (14,9% frente a 5,9%).

Los indicadores de transferencia muestran una inflexión en 2015, destacando un aumento del 2,7% del gasto en I+D (3.704 millones de euros) tras una disminución continuada desde el inicio de la década. Asimismo, en cuanto al volumen de captación de recursos fruto de la colaboración entre universidades y empresas, se observa una ligera recuperación de los ingresos, del 5,2% respecto al 2014 (468 M€ en 2015), pero no logra contrarrestar la disminución continua experimentada desde 2008. El volumen de publicaciones aumentó en más de un 25% si se compara la producción científica de 2015 con la de 2010, dato que mantiene a España en el décimo puesto en la relación de países con mayor producción a nivel mundial. Casi un 70% de los documentos científicos publicados en el periodo se debieron a la universidad. Sin embargo, el nivel de liderazgo y excelencia ha disminuido en el quinquenio 2011-2015 respecto al 2006-2010, al igual que la colaboración científica internacional.

Por otra parte, en los tres primeros años (2014-2016) del programa de la Unión Europea “Horizonte 2020”, el principal instrumento de financiación de actividades de I+D+i de Europa, España ha sido el cuarto país con mayor volumen captado, 1.933,3 millones de euros, equivalente a un 10% del total de subvenciones otorgadas en sus tres primeras ediciones. Un dato positivo al que la universidad española no es ajena.

Resultan reseñables algunas tendencias de fondo en el sistema universitario, como el descenso de matriculados en estudios de grado durante cuatro cursos consecutivos (perdiendo más de 135.000 estudiantes, hasta los 1,32 millones), incluido 2015-2016. En cambio, los alumnos de máster crecen desde la creación de estos estudios en el curso 2006-2007, superando los 171.000 estudiantes en 2015-2016. Algo similar ocurre con los egresados. En el curso 2015-2016 se graduaron en las universidades españolas 203.253 personas en estudios de grado, con un descenso del 9,1% respecto al curso anterior. Los que se graduaron en estudios de máster oficial ascendieron a 90.392, un 20,4% más que en el curso precedente, siguiendo la tendencia al ascenso iniciada en 2006-2007. Tanto en matriculados como en egresados crece la participación relativa de las universidades privadas y de las universidades a distancia.

Por otro lado, continúa la elevada tasa de permanencia de profesores que desarrollan su actividad en la universidad en la que se doctoraron, aun con cierta tendencia al descenso en los últimos cursos. Así, en 2015-2016, el 69,1% del PDI de las universidades presenciales españolas trabajaba en la misma universidad en la que había leído su tesis doctoral. En cuanto a su calidad investigadora, el 23,8% del funcionario de carrera de las universidades españolas no tenía aprobado ningún sexenio de investigación, y menos de la mitad (el 45,4%) había solicitado y obtenido todos los sexenios posibles desde que leyó la tesis. Se percibe asimismo un desajuste entre el nivel formativo de los graduados y el requerido por los puestos de trabajo. En el año 2016, el 36,8% de los graduados que estaban trabajando lo hacían en puestos de baja cualificación, frente al 23% de la UE. Este nivel tan elevado en España, en perspectiva internacional, sería debido, por un lado, a que su estructura productiva no ofrece suficientes ocupaciones de alta cualificación en comparación con los países de la UE y a que, en cambio, su generación de graduados superiores sí que está entre las de los principales países europeos.

Si se analiza la posición de las universidades españolas en el conjunto de las universidades mundiales y, en particular, de las de la UE, con la información del U-Multirank, el sistema universitario español se sitúa en una posición relativamente buena en cuanto a los indicadores de contribución regional, en la tasa de graduación de máster y en tres indicadores de transferencia: fondos privados, solicitud de patentes con empresas privadas e ingresos de formación continua. Por otro lado el sistema universitario español tiene que mejorar los indicadores de investigación; algunos de transferencia, como publicaciones con empresas, spin-offs y publicaciones citadas en patentes; todos los de orientación internacional con la excepción de la movilidad de estudiantes; y en la tasa de graduación de grado.

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