Texto Gregorio Jiménez

  • Mar, 27/03/2018 - 12:11

El Consejo Social de la Universidad de Granada organiza el acto de entrega de sus premios como un acontecimiento festivo donde queremos expresar el reconocimiento que este órgano de gobierno hace a la Universidad, a su joven personal investigador y grupos de investigación, también a las empresas y a las instituciones a la Universidad con diferentes trabajos de colaboración.

Dentro de las distintas funciones del Consejo pensamos que impulsar la visión estratégica de la Universidad y su entorno es una de las responsabilidades más importantes que asume.

Trabajar por y para el desarrollo del entorno supone impulsar un modelo de sociedad fundamentada en el conocimiento, que apueste por reforzar sus tres pilares fundamentales: educación, investigación, y transferencia para generar innovación.

Uno de los ejes del crecimiento y desarrollo de nuestra sociedad va íntimamente ligado al de la formación de sus personas y, en este campo, la Universidad de Granada ha consolidado una amplia y reconocida oferta académica de grado y posgrado que está permitiendo una alta cualificación del estudiantado que cursan sus enseñanzas en nuestra institución universitaria.

Sin embargo constatamos con gran preocupación cómo la educación sigue siendo usada como un arma arrojadiza entre los diferentes partidos políticos. Desde este Consejo Social, una vez más, reclamamos un pacto de estado que saque de la batalla política la educación, que se defina un modelo consensuado dotado de los recursos económicos suficientes al nivel que están recomendando los organismos internacionales. En estos momentos invertimos solo una cifra próxima al 3,7% del PIB , frente a un objetivo idóneo de al menos el 5%, o el que ofrecen países desarrollados con una inversión superior al 6%.

La educación es, indudablemente, uno de los pilares sobre los hay que construir una sociedad moderna.

Además, tenemos el absoluto convencimiento de que otro de los ejes, sobre los que debe girar el crecimiento y desarrollo de nuestro entorno, ha de venir dado por la transformación del actual modelo productivo, que debe evolucionar hacia la construcción de una economía del conocimiento, sobre la base de los resultados que ha consolidado la Universidad con su producción científica conseguida, pese a las dificultades de financiación y localización geográfica, en una de las zonas menos industrializadas del país.

Cambiar el modelo productivo significa fortalecer los pilares sobre los que se asientan los modelos de competencia intensivos en conocimiento, educación, investigación y transferencia.

Ya la Unión Europea estableció en la Agenda de Lisboa el objetivo de conseguir que Europa sea la economía más próspera, dinámica y competitiva del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social.

Con ese objetivo se impulsó, posteriormente, el programa europeo Horizonte 2020, donde se pone énfasis en el crecimiento, inteligente, sostenible e integrador para generar la riqueza suficiente que permita solucionar los problemas fundamentales que hoy tiene la sociedad: desigualdad, desempleo, pobreza y exclusión social. Los pilares básicos de Horizonte 2020 son tres:

-«Ciencia excelente» para reforzar la excelencia científica de la Unión a nivel mundial, con el objetivo de alcanzar una inversión en I+D+i del 3% del PIB.

-«Liderazgo industrial» para acelerar el desarrollo de las tecnologías, principalmente: tecnologías de la información y la comunicación (TIC), nanotecnología, materiales avanzados, biotecnología, fabricación y transformación avanzadas, y tecnología espacial.

La crisis ha demostrado que se necesita un sector industrial potente con un peso, al menos, del 20% del PIB, porque favorece la estabilidad en el empleo, fomenta el empleo de calidad y es motor de innovación.

-«Retos de la sociedad». Vistos desde la perspectiva del crecimiento sostenible e inclusivo.

Estamos muy lejos de Europa, señala el Informe Cotec 2017; los últimos datos publicados sobre inversión en I+D, correspondientes al ejercicio 2015, muestran que seguimos perdiendo peso en la inversión en I+D, por quinto año consecutivo, ahora el 1,19% frente a un objetivo del 2%; en un momento donde se ha iniciado la recuperación económica, la estamos soportando con empleos de baja cualificación y en sectores de baja intensidad tecnológica.

España se separa de la tendencia dominante en las principales economías de la zona euro y del resto de potencias consolidadas y emergentes.

Mientras el conjunto de la UE invierte hoy un 25% más en I+D que antes del inicio de la crisis económica, nuestra economía invierte un 10% menos.

España, en realidad, es una excepción en Europa y forma parte del grupo de los cuatro únicos países que todavía no han recuperado los niveles de inversión de 2008. De hecho, en términos relativos a Europa, el retroceso acumulado en estos últimos cinco años nos devuelve a la posición de 2004.

Otro de los grandes problemas es que los indicadores confirman, un año más, la baja participación de las empresas en las actividades de innovación. Su nivel de esfuerzo en I+D es la mitad del promedio europeo. Salvo contadas excepciones, destaca particularmente la baja contribución de la gran empresa. Nuestras pymes, por el contrario, contribuyen al gasto en I+D en un porcentaje anómalamente alto si se compara con otros países europeos.

Estos datos empresariales nos deberían hacer reflexionar sobre cuál es el modelo empresarial que se está desarrollando.

Otras tendencias que se consolidan son la concentración del gasto en un número cada vez menor de empresas y la baja participación del sector financiero –en particular el sector bancario– en la financiación de este gasto.

A la débil capacidad tecnológica del tejido productivo español se une el limitado nivel de competencias y habilidades de un alto porcentaje de los trabajadores que emplea.

Ambos factores, capacidad tecnológica y capital humano, son parte del conjunto de activos intangibles que se consideran críticos para maximizar el potencial de crecimiento de las economías basadas en el conocimiento. España está a la cola de Europa en cuanto a inversión en estos activos.

Andalucía definió una agenda ambiciosa en el RIS3 –Estrategia de innovación 2014- 2020– para alinearse con el programa H2020, y estableció, entre otros, alcanzar como objetivo una inversión en I+D del 2%; se encuentra, sin embargo, muy alejada de ese objetivo ya que actualmente invierte el 0,92% de PIB.

Nos enfrentamos a un gran reto, recuperar el tiempo perdido. Estamos obligados a impulsar una revolución para concienciar a la sociedad de la gran trascendencia que tiene invertir en los tres pilares de la sociedad del conocimiento.

¿Acaso pensamos que, sin invertir los recursos necesarios en el sistema de I+D+i y en el sistema educativo, vamos a ser un país o un territorio capaz de generar riqueza y puestos de trabajo dignos, compitiendo con otras naciones o regiones del mundo que están invirtiendo los recursos necesarios?

El empresariado tiene que ser consciente de que sin innovación será difícil competir en un mundo global. Solo con costes, no es fácil competir a largo plazo. Para eso debemos fomentar la cultura del cambio, buscar nuevos caminos, aprovechar la investigación generada en las universidades para innovar.

La Universidad de Granada está alcanzando posiciones relevantes por sus programas de investigación, y se han establecido objetivos cada vez más ambiciosos para seguir avanzando. Hoy, algunas áreas de conocimiento de nuestra Universidad ocupan puestos muy destacados en los ránquines internacionales, constituyendo un reconocimiento implícito a la labor investigadora que se está desarrollando.

Sin embargo, debemos señalar que los niveles alcanzados en transferencia de conocimiento son muy bajos. Nos preocupa esta situación y, desde el Consejo Social estamos decididos a impulsar y articular los programas que sean necesarios para activar más y mejor la relación de nuestra Universidad con las empresas, desde las locales a las internacionales.

Granada tiene ante sí un gran reto, debe generar más riqueza para luchar contra el desempleo, la desigualdad y la pobreza, y ese reto solo se puede superar uniendo fuerzas y mejorando los proyectos sobre los que se debe articular la estrategia de la Ciudad. Cultura, educación, investigación e innovación deben funcionar como pilares para el desarrollo, poniendo la Universidad de Granada en el corazón de todo el sistema.

Debemos reflexionar sobre qué Sociedad queremos construir en un momento de grandes y profundos cambios disruptivos, impulsados por la revolución de la tecnología y de los procesos de globalización.

Estamos en la antesala de un cambio revolucionario, inimaginable, que cambiará radicalmente la manera de vivir. Y en ese escenario ¿cómo vamos a generar riqueza para que las personas puedan vivir dignamente?